En la oscuridad

Que diferentes se ven los objetos en la penumbra. Es como si estuvieran, pero no estuvieran ahí. Como si se fundieran en la oscuridad y, aparecieran en otra realidad ajena a la de nosotros.

Los espejos en la oscuridad son la puerta a ese otro universo. Debo confesar que no soy capaz de observarme en ellos cuando la luz está ausente.

El espejo es una ilusión. Es una mentira tan verdadera como el reflejo de mi persona en él a la luz del día. En la oscuridad, un espejo no miente. Muestra los rincones más recónditos del ser, muestra a la persona tal como es. Sin disfraces, sin pretenciones.

No sólo los objetos, o el espejo. Las manos también.

Mis manos no son las típicas de un ser humano de carne y hueso. No. Estas se convierten más bien en una sustancia luminosa, se vuelven transparentes y lo pueden hacer todo. Con ellas, es posible llegar a alcanzar hasta los sueños más lejanos y, vivirlos con todos sus colores y esencias en el presente.

En el mundo de las sombras, no existe el tiempo.

En el mundo de las sombras, es donde sueño.  El sonido de la oscuridad me arrulla y me reconforta.

En la oscuridad… ahí pertenezco.

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