Gotas electrónicas

(La semana pasada mandé este mini cuento a LetrasLibres.com a un concurso donde el tema tenía que ser sobre la música. Espero lo publiquen en el blog, de igual manera, aquí está.

Ando experimentando con varios estilos, así que esto va a sonar un poco diferente a lo que suelo escribir)

Una vez más, estaba en la habitación donde todo empezaba y terminaba.

Al lugar que me refiero, suelen considerarlo ciertas personas como un lugar tabú, pues no muchos se atreven a cruzar sus puertas. Otros llegan a desistir a los primeros meses.
En realidad, no hay mucho de qué alardear. Hay que admitir que hay mejores gimnasios, pero este en especial me gustaba. No sueles ver a ese tipo de personas que idolatran el ejercicio, esa clase de mujeres que llegan con sus trajes ajustados que muestran sus cuerpos como un pavo real en medio de la jungla, a la espera de ser cazadas.

O tal vez estoy equivocada.

En fin, ese pequeña habitación en la esquina.

Sí. Esa habitación con las filas de bicicletas y personas sudando.

Ese era mi santuario.

Hoy, por lo menos, había un buen instructor. No como esos otros que tienen el “mal hábito” de acompañar la clase siempre con la misma música.

Apenas subo a la bicicleta y espero el momento en el que las gotas empiecen a brotar de mi cara y todo mi cuerpo. Ese momento en el que nada más importa.

Cual fue mi sorpresa al escuchar esos beats y sonidos de sintetizador.

Después de unos minutos se me olvida todo. Dejo de mirar la peculiar forma de manejar la bicicleta de la mujer de enfrente. No siento mis pies. Mis pensamientos se remontan lejos de la realidad y la música electrónica, esos beats, me hacen sentir en otra dimensión.

Con cada segundo, cada sonido, me encuentro en una montaña, una carretera, recorriendo la muralla china, incluso, huyendo de los malignos zombies detrás de mí.

Increíble como una sucesión de sonidos generados por una computadora desata tantos sentimientos y escenas en mi mente. Unas personas acuden a drogas, sustancias, comidas. Hay tantas cosas a las que uno se puede volver adicto.

Pero esta combinación en particular, hace que mi cerebro explote en millones de partículas. No necesito drogas que me hagan alucinar, cuando mi imaginación, mi mente y esas vibraciones lo hacen naturalmente.

Mi corazón se empieza a acelerar. Mis manos están adoloridas de la fuerza con la que sostengo el manubrio.

Un poco más de fuerza. La música acelera.

Mis pies pedalean a toda velocidad a compás de la canción. Tan rápido voy ,que siento que mi corazón rebota dentro de mí al ritmo de los beats.

Un poco más de fuerza.

Voy cayendo de la montaña. Los zombies quedaron atrás.

Un poco más de fuerza.

Mi corazón ya no da más.

De manera abrupta, los beats paran.

“Boten dos cargas” Dice el instructor

La música regresa a las vibraciones del inicio. Sin embargo, el eco de los latidos de mi corazón sigue presente dentro de mi cuerpo.

Me doy cuenta que estoy de vuelta en la habitación oscura.

¿Cuánto tiempo me fui?

Mi cuerpo está entumecido. Llego a dudar de mis capacidades para poder levantarme sin tener que tropezar y hacer un escena en frente de todos. Contrario a lo que pensé inicialmente, logré bajarme de la bicicleta sin ningún problema.

Apenada del color rojizo de mi rostro, salgo rápidamente tomando mi bebida energética de un sólo trago.

Apenas mi alma volvió en sí, podía sentir una paz indescriptible.

Mi cuerpo acaba de ser drenado.

En vez de sentirme vacía, me sentía más llena que nunca. Sentía que era inmortal. Cada vez que salía de esa habitación revivía.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s