Caja de recuerdos

(Hace unas semanas me enteré sobre este grupo en Facebook: Martesadas, donde ponen un tema específico cada martes y publican cuentos acorde a él. Es mi primera vez participando, así que esto fue lo que mandé 🙂 )

No bastó mucho tiempo para saber que te perdería para siempre. Siempre lo supe, llámalo un sexto sentido, miedo, paranoia, pero desde aquel día que te descubrieron en el acto supe que tenía a otra persona frente a mis ojos.

Lo único que mantengo repitiendo constantemente en mi cabeza son los recuerdos de una distante infancia que compartimos juntas. Recuerdos que parecen casi falsos y, la verdad, irónicos cuando veo cómo terminaron las cosas entre tú y yo.

¿Recuerdas nuestras carreras en bicicleta? ¿Recuerdas aquellos inviernos en los que pasábamos horas jugando afuera hasta que nuestras narices se pusieran rojas y frías y, el helado viento traspasara nuestros guantes?

No. Fue más que eso.

Hoy, esos momentos se encuentran guardados en una polvorienta caja dentro del armario.

Sé muy bien que nunca tuvimos una familia normal como las de nuestros amigos. Sé muy bien que han sido más de 10 años desde aquel incidente con papá y mamá. No te preocupes, mamá se encuentra bien. Te extraña mucho eso sí.

Me siento un poco tonta escribiendo esto, pero todos los días me pregunto cómo estarás. Qué estarías haciendo. Qué es lo que piensas, qué es lo que sientes.

Sin embargo, no sé si recibiré respuesta alguna.

Confieso que me sentí decepcionada el día que llegue a tu habitación y  la encontré vacía. Ese mensaje en la puerta quedó grabado en mis ojos para siempre. No lo niego, en cierto grado esperábamos tu reacción, pero tampoco llegué a creerlo hasta 2 meses después de tu partida. La idea me pegó tan duro como si me hubieran arrojado un martillo a la cabeza.

La intervención fue un fracaso.

Dos años y 4 meses después regresaste.

No te podía reconocer.

Todas las noches escuchaba llorar a mamá. Me era insoportable verla y después verte a ti desperdiciando todo lo que te dio con tanto esfuerzo.

Cualquier palabra fue inútil.

Tu presencia fue inmutable. Eras una extraña, una turista en tu propia casa, en tu propia familia.

Sigo guardando la caja de recuerdos, tal vez así la hermanita que recuerdo siga viviendo en mi cabeza y reemplace la desconocida que vivió en mi casa. No puedo perdonar lo que hiciste más tarde ese año, no puedo perdonar que el novio de mamá haya olvidado su rifle de caza en la cocina.

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