Letras en el alma

La verdad, y nadie se escapa a ella, es que todos en algún momento de su vida se plantean y replantean qué hacer con ella, cómo aprovecharla mejor. Es ahí dónde usualmente hacen su aparición esas famosas listas, las “bucket lists” o listas de cosas por hacer antes de morir. Puedo asegurar que escribir un libro figura entre la mayoría. 

Pero, ¿Cuántos en verdad lo hacen?

Y no tanto pensando como un requisito para poder vivir en paz y armonía con uno mismo, pero en serio, ¿Cuántos en verdad tendrán la vocación y el talento para en realidad hacerlo? Recalco que aquí no vale la excusa del tiempo, pues cualquiera en cualquier momento puede crear lo que le de la gana. La cuestión es querer y punto.

Lo más importante, la pregunta que trato de hacer acá no es solo de cuestionar el valor de nuestras vidas, sino preguntar:

¿Qué es un escritor?

¿A quién en verdad podemos darle ese título y quiénes son el mero fantasma de una intención?

Siempre he pensando que, sin importar en qué época u año estemos, o qué tanto estemos informados, nadie puede juzgar este concepto. El tema del arte es y siempre estará predispuesto a los ojos de su observador. El arte está condenado a ser subjetivo. El único juez es el tiempo, sólo así podremos medir si una obra en verdad trasciende su época y pasa a ser prácticamente inmortal.

Aún con todas estas ideas, pienso que el concepto de un escritor encierra ciertas características en particular, características que he observado no sólo en otras personas con hábito de leer y escribir casi a diario, pero también, características que se han mantenido conmigo:

Como el cargar siempre un cuaderno y un lapicero con uno, no solo por cualquier apunte, pero también para aquellos casos que de la nada empiezan a revolotear las ideas. El cargar siempre un libro en el bolso, para acortar las esperas, para despejarse de la computadora en el trabajo, en fin, ¿Qué otra excusa se necesita para leer? O sino, el mero hábito de estar escribiendo dónde sea nuestros pensamientos, sea en Twitter, Facebook , un blog personal o un diario.

Pienso que el mero hecho de tener ese deseo de transmitirle nuestros más íntimos deseos hasta nuestras fantásticas historias a una hoja de papel nos hace diferentes a los demás. Si, acepto que el sueño de cualquier persona que le guste escribir es tener en sus manos esa preciada obra por fin impresa. La prueba, la confirmación de que sus sueños se han hecho finalmente realidad. Pero aún así, ¿Por qué necesitamos confirmación de algo?

Como una persona normal y corriente que le gusta correr en las mañanas, es considerada una corredora, entonces, una persona que le gusta escribir simplemente, ya es un escritor ¡Por el mero hecho de escribir! No se necesita ninguna otra confirmación que esa. Es más, con la tecnología de hoy, cualquiera con una computadora e internet a su alcance puede publicar sus libros en cualquier momento.

Pienso que nada puede detener ese deseo.

Pienso que no importa cuánto tiempo pase. 

Si regresas siempre a esa hoja en blanco con el lapicero en mano, o tu teclado…

Ya eres un escritor.

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