La Fuente

Con sus manos frente a ella, lo podía sentir.

Todo se sentía tan real.

Poco a poco se fue acercando hacia esa fuente en el centro de ese inmenso jardín. Rápidamente, un grupo de pájaros cruzó el cielo azul intenso. Ninguna nube se asomaba por ningún rincón de ese cielo casi perfecto. El sol estaba radiante y acariciaba la piel de ella, resaltando el color blanco de su vestido y el color de sus ojos cafés casi llegando a dorado. Fue ahí que lo notó, el cambio de piedras bajo sus pies descalzos a la suave gramilla.

Lento, pero segura de sí misma, se dirigía a esa fuente. No sabía que haría después de llegar, pero algo o tal vez alguien, la llamaba a ir en esa dirección. Mientras caminaba podía empezar a sentir el aroma de las flores, un arroyo tocaba su melodía en la lejanía y los colores la tenían extasiada. Todo esa escena parecía tan perfecta.

Y finalmente llegó.

Pero la fuente que se miraba tan grande y majestuosa de lejos, pareció ser tan insignificante de cerca. ¿Qué fue lo que pasó? ¿Acaso fue una ilusión óptica? Poco a poco, esa fuente empezó a transformarse, de esas lozas sencillas de piedra empezó a surgir musgo, los bordes se desplomaron, la figura del ángel en el centro se partió en dos, hasta que todo fue reducido a escombros.

¡BAAAAAMMMMMMM!

El primer trueno hizo retumbar hasta lo más profundo de la tierra, haciendo que ella perdiera el equilibrio y cayera encima de uno de los escombros de la fuente.

¿Qué está pasando?

Toda la escena empezó a cambiar. El arroyo se secó, la grama fue sustituida por tierra y desechos, ya no había flores y menos árboles a la vista. Tan rápido como pudo levantarse empezó a correr. ¿A dónde? A dónde fuera.

¡BAAAAAAMMMM BAAAAAAAMMMM!

Segundos después de haberse echado a correr, se escuchó un segundo estruendo, haciendo que ella se parara en seco.

Un silencio casi sepulcral inundó todo el lugar. No había nada, ni nadie a quién acudir. Desesperada, empezó a buscar con sus ojos algún refugio, lo que fuera, una salida.

No. No puede ser. Esto es un sueño.

¡Yo sé que es un sueño!

¡Yo sé que es un sueño!

¡Despierta!

¡Despierta!

¡DESPIERTA!

Casi frenética, empezó a golpearse la cara, a jalarse el cabello, con la esperanza de poder despertar de esa pesadilla, de poder llegar a la comodidad y seguridad de su propia cama.

¡CRACK!

¿Qué fue eso?

Sonó como una rama, algo que fue pisoteado detrás de ella.

¡CRACK!

¡Mierda! ¿Qué hago? ¿Qué hago?

Sin embargo ahí se quedó petrificada, sin poder moverse, escuchando cómo esos pasos detrás de ella se iban acercando cada vez más. Expectante, ansiosa, temerosa de lo que iba a suceder después. Hasta que los pasos se detuvieron a un metro de distancia de su espalda. Sin saber por qué, cerró sus  ojos. Inmediatamente, sintió como un escalofrío le recorría la espalda, poniéndole la piel de gallina, mientras sentía cómo una especie de vaho, una respiración caliente se adueñaba de su cuello.

Empezó a hiperventilar.

Tan rápido como vino esa sensación, algo afilado le desgarró parte de sus pechos y su estómago, la sangre empezó a salir manchando de rojo lo que era su blanco vestido. Le quemaba, sentía que esa herida le quemaba todo el cuerpo. No pudo más que abrir los ojos. Con la mirada vacía dirigida hacia el horizonte, pudo ver cómo se iba acercando una silueta negra. ¿Quién era? ¿Era eso un hombre? No se lo vio venir, súbitamente este ente aumentó de velocidad acercándosele con una velocidad sobrehumana empujándola hacia atrás. Directamente a una caja de madera empotrada en un hoyo en medio de la tierra. Al no más caer, esta caja se cerró por completo. Dejando ver entre sus tablas pedazos de un cielo entre anaranjado y gris y…

Eso.

Parecía ser un hombre alto y delgado, vestido con un traje negro y un sombrero negro de copa. No lograba distinguir las facciones de su cara, pero sabía que la estaba observando muy detenidamente. Segundos después, este voltea a su derecha y coge una pala que se encontraba en el piso.

¡NOOOOOOO! ¡SÁQUEME DE AQUÍ! ¡SÁQUEME DE AQUÍ!

Pero cualquier palabra, cualquier ruego era inútil. Él empezó a tirarle encima el resto de tierra de un montículo, mientras silbaba tranquilamente “Singing in the rain”.

Este solamente era otro día más para él.

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