Renacimiento

Mini prólogo 😉

Érase una vez, muchos meses atrás, escribí un relato corto para ser publicado en Confábula (Como otros pocos relatos por acá). Siguiendo mi eterno afán por escribir ficciones distópicas o sobre el fin del mundo, escribí esto que me terminó gustando mucho. Debido a que no tengo idea si Confábula todavía sigue vivo, porque de hecho una de los autores me dijo que ya no estaban publicando por el momento, decidí mejor publicar este relato por acá.

Pero, ¿Por qué este “mini prólogo”?

Creo que a cierto grado, a parte del hecho de sorprenderme a mí misma, este relato significa mucho para mí porque desató todo un nuevo mundo y el inicio de mi primera novela, todavía en trabajo. Así que, si tienen algún comentario, es bienvenido 🙂

Ahora sí, continuamos…

Renacimiento

La tierra nunca había estado tan serena desde su momento de la creación, por más irónico que sonara. De alguna forma, la naturaleza finalmente había ganado la batalla, había recobrado lo que siempre quiso, lo que le había sido arrebatada desde el momento en que el hombre se empezó a aprovechar de ella.

Toda señal del paso del ser humano sobre el planeta estaba casi por desaparecer. Toda a excepción de estructuras de gran tamaño como edificios, monumentos, esculturas. En algunos casos estos hasta hacían de función de arrecifes a nuevas especies de peces, decorando exoticamente el fondo del mar. Restos oxidados de carros, antiguos locales comerciales, escuelas y casas invadidas de adentro a afuera por plantas y árboles. Eso sí, en lugares que antes menos esperaríamos se encontraban manadas de animales. Dentro de los restos de un McDonald’s podíamos ver una familia de leones y sus crías, alimentándose y engullendo las tripas de la más reciente cacería. Afuera, en las enredaderas que cubrían los postes de alumbramiento, las jirafas arrancaban sus hojas.

Todo había recobrado el orden natural, el orden que debería de haber. Pero…

¿Qué es esa figura por ahí? ¿Ahí, saliendo de aquel callejón?

Indecisa, pero cautelosa, moviéndose a través de esa especie de jungla moderna, estaba una persona. No podemos ver su rostro, ya que lo tiene cubierto por el capuchón de su avejentado sudadero negro. Los pantalones de jean rotos a la rodilla, unos zapatos tenis y su mochila a la espalda.

¿Acaso no habían desaparecido los humanos? ¿Quién es este personaje? ¿De dónde salió? Y lo más importante, ¿Qué está buscando?

Nos acercamos más hacia él. Siguiendo cada paso, revisando su camino y pensando cuál será su destino. De repente, este se detiene súbitamente. ¿Acaso estará recordando algo? Inmediatamente, da la vuelta y empieza a correr estrepitosamente, dando la impresión que cada paso que da resuena por toda la ciudad, por todo el mundo. Por suerte, o tal vez por pura casualidad, no se topa con ninguna clase de animal. Hasta que al final llega a una tienda, una librería para ser exactos. Después de revisar el nombre en el letrero partido a la mitad en la parte superior, se le dibuja una sonrisa en la boca. Algo nervioso, empieza a buscar en cada bolsa, cada espacio disponible en su suéter, su pantalón y su mochila, hasta que finalmente lo encuentra: una llave. Mete la llave en el cerrojo de la puerta y esta, con un rechinido, se logra abrir.

Detrás de él, seguimos su recorrido por la triste y abandonada librería. Casi todos los objetos que solían estar en los libreros, en los muebles se encontraban tirados en el piso. La caja registradora abierta y con nada más que polvo acumulado en sus teclas. Era un tanto pequeña, pero lo suficientemente grande como para… ¿Esconder algo? Sin importar lo que fuera, parecía que nuestro personaje estaba empeñado en encontrar lo que estaba buscando. Levantó libro tras libro, muebles, cuadros…Nada. Con desesperación y enojo empezó a golpear y tirar al aire todo lo que tenía a su alcance. Creando más desastre del que ya había pasado por el lugar, que accidentalmente tirando el vaso de vidrio para las propinas que estaba en el mostrador, rompió un espejo colocado cerca de la entrada. Fue en ese momento, que se dio cuenta de lo que tenía frente:

¡La solución!

Detrás del espejo había una especie de caja fuerte, a la que parecía que él conocía muy bien la combinación. Casi jadeando de la emoción, empezó a girar la perilla. Con cada número que pasaba de la combinación, parecía que su corazón le latía con más fuerza que la anterior. Al terminar de colocar la contraseña, sonó ese click. Lentamente, abrió la puerta y con lágrimas en los ojos sacó el objeto que tanto tiempo había pasado dentro: Una bolsa de tela, de gamuza color rojo. Sus dedos, temblando delatando cierto nerviosismo, pasaron encima de la tela acariciándole. Desató el nudo y sacó una especie de artefacto con una gran pantalla. Parecía que no había sido utilizado en mucho tiempo. Sus manos buscaron del lado derecho un botón de encendido, y la pantalla se iluminó. Segundos después se mostró un mensaje:

“Proyecto Renacimiento ha sido reactivado. Mensaje recibido. Espere nuestra llegada en 4 días 18 horas 37 minutos y 20 segundos”.

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2 Comments Add yours

  1. danielagzn says:

    El final tiene enganche (: ¿hay continuación?

    1. sssofia says:

      Algo así :p Dentro de unos de meses estaré dando un par de noticias al respecto. ¡Gracias por comentar! 🙂

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